La ayuda profesional: fundamental para quienes padecen de ansiedad

La ayuda profesional: fundamental para quienes padecen de ansiedad

En los últimos años y sobre todo después de lo complicado que fue el confinamiento producto de la pandemia, se ha hablado mucho sobre la importancia de la salud mental. Si bien estamos llegando tarde a la conversación de lo fundamental que es darle un lugar prioritario a la salud mental, hemos avanzado mucho en comparación a cómo se percibía esto hace 30 o 40 años.

Comprender lo necesario que es darle a la salud mental prioridad, debe ser una campaña masiva, pues cada día hay más personas (niños, adolescentes, adultos y adultos mayores) que sufren de trastornos psicológicos y a los que se les sigue estigmatizando por buscar la ayuda que necesitan para mejorar. Este estigma es bastante sin sentido, pues si extrapolamos lo referente a la salud mental, a cualquier otro aspecto de la salud, no se estigmatiza en absoluto.

Si una persona se cae y tiene una fractura, va al médico traumatólogo para que corrija la lesión. Lo mismo aplica cuando una mujer está embarazada y busca la atención de un médico gineco obstetra. Si en estos casos, buscar ayuda es lo correcto y no se duda a la hora de asistir a ellos, ¿por qué existe tanto tabú en relación a buscar ayuda a profesionales de la psicología y psiquiatría?

Gracias a las campañas informativas masivas, se ha empezado a poner en la mesa no solo la importancia de acudir a los especialistas de la salud mental, sino también las experiencias de las personas que viven con estos trastornos y cómo empezar a trabajar de la mano de profesionales, les ha ayudado a mejorar.

Uno de los trastornos de la salud mental que está dejando de ser un tabú, es la ansiedad, la cual según el Dr. José A. Hernández Hernández podemos definir como una emoción, que no es mala a priori, como habitualmente se suele pensar, ya que supone una activación del organismo, que se prepara para hacer frente a una amenaza o peligro, e implica factores cognitivos, fisiológicos y conductuales o motores. Tanto las sensaciones físicas como los pensamientos y conductas aparecen siempre, en mayor o menor medida una u otra, pero interrelacionadas.

Una de las grandes interrogantes es si la ansiedad se puede confundir con estrés, en cuyo caso debemos saber diferenciarlas. La ansiedad es aquella emoción que se produce cuando anticipamos esa amenaza, pensamos lo que va a suceder y tratamos de prepararnos para hacerle frente, mientras que, por el contrario, el estrés aparece cuando hay unas demandas ambientales excesivas en un corto período de tiempo y nuestro organismo no da abasto para afrontarlo.

Las diferencias entre una y otra, las podemos ver de la siguiente manera: al estar nervioso dos semanas antes de un examen, dándole vueltas a si aprobaremos, a las consecuencias de suspender, al tiempo de que disponemos para estudiar, sería un caso de ansiedad. Sin embargo si se trata de situaciones como que a lo largo de tres días tenemos una presentación en el trabajo, se enferma un ser querido, hay, que hacer reparaciones en casa y se nos estropea el coche, nuestro organismo responde con una alta activación que es necesaria para hacer frente a todo, en este caso, estaríamos hablando de estrés.

Los trastornos de ansiedad

Contrario a lo que podemos pensar, la ansiedad no es una sola y dentro de ese amplio espectro podemos encontrar distintos tipos de ansiedad, estos son:

  • Trastorno de Estrés Postraumático: Aparece en algunas personas que han sufrido un suceso traumático con riesgo o amenaza para su vida o la de allegados. En este caso la persona experimenta el trauma a través de imágenes persistentes, pensamientos, sueños, alucinaciones. Lo que produce un gran malestar y activación (insomnio, irritabilidad, hipervigilancia) y se busca evitar todo aquello que le recuerde el suceso, con bloqueo emocional y cognitivo, y sensación de desesperanza y apatía.
  • Trastorno de Estrés Agudo: Está muy relacionado con el anterior, pero aparece durante el acontecimiento traumático o durante el mes siguiente.
  • Trastorno de Ansiedad Generalizada: Se trata de preocupación excesiva por diferentes situaciones o acontecimientos de la vida cotidiana, con problemas de insomnio, irritabilidad, tensión muscular, etc.
  • Trastorno Obsesivo-Compulsivo: Las obsesiones son pensamientos o imágenes recurrentes que producen gran malestar. Las compulsiones surgen en respuesta a las obsesiones, y son conductas o comprobaciones de carácter repetitivo y exagerado que pretenden prevenir el malestar o evitar alguna supuesta consecuencia negativa.
  • Trastorno de Pánico con y sin Agorafobia: Los ataques de pánico se caracterizan por la aparición súbita de algunos de los siguientes síntomas: palpitaciones, ahogo o dificultad para respirar, sudoración, opresión en el pecho, sensación de atragantarse, mareo, náuseas, hormigueo, escalofríos, sensación de irrealidad, miedo a morir o a volverse loco. Estas sensaciones pasan en unos minutos, pero dejan el miedo a que vuelva a producirse, lo que llevaría, en algunos casos, a la Agorafobia.
  • Agorafobia: Aparece la ansiedad o el ataque de pánico en determinadas situaciones o lugares en los que pueda ser difícil recibir ayuda, o salir huyendo, como por ejemplo estar solo en casa, en lugares muy concurridos, o viajar en transporte público. Para evitar la ansiedad y las sensaciones descritas antes, se comienza a evitar esas situaciones, llegando incluso a no salir de casa, y limitando por tanto en gran medida la propia vida y autonomía.
  • Fobia Específica: Miedo a algunos animales, a la sangre, las tormentas, los ascensores, los aviones, entre otros, que ocasionan una respuesta de ansiedad muy intensa que lleva a evitar esos estímulos o se soportan con un gran malestar.
  • Fobia Social: Implica un miedo intenso a situaciones sociales en las que la persona teme hacer algo embarazoso, como hablar en público o con personas del sexo opuesto, por ejemplo.

¿Quiénes son los profesionales indicados para tratar la ansiedad?

Los profesionales especializados en el tratamiento de los trastornos de ansiedad son los psicólogos clínicos y los psiquiatras. Por lo general, trabajan en equipo o mantienen algún tipo de relación profesional en pro de la mejoría de sus pacientes. El tratamiento psicológico se considera básico y esencial en este tipo de problemas.

Ahora bien, según el caso y el trastorno, a veces es útil seguir una combinación de terapias farmacológicas que deben ser dirigidas por el psiquiatra y psicológicas de la mano de un psicólogo. Las primeras ofrecen resultados más rápidos en el control de los síntomas y requieren una menor implicación del paciente en la resolución del problema, sin embargo, la estabilidad de la mejora una vez suprimidos los tratamientos es menor. Mientras que los tratamientos psicológicos, se ocupan del control de los síntomas, pero van más allá y ayudan al paciente a desarrollar estrategias para una gestión más satisfactoria de la ansiedad, de los factores que la originan y mantienen, y de su prevención.

Lo ideal es buscar profesionales especializados y con experiencia en el tratamiento de los trastornos de ansiedad, y preferiblemente que tengan la posibilidad de trabajar en equipo y de manera integrada, para obtener mejores resultados en la terapia.

¿Por qué buscar ayuda de un profesional?

Si los trastornos de ansiedad no son tratados, pueden darse consecuencias graves. Por ejemplo, algunas personas que tienen ataques de pánico recurrentes evitan a toda costa ponerse en situaciones que temen podrían desencadenar un ataque; este tipo de conducta evasiva puede crear problemas si está en conflicto con requisitos del trabajo, obligaciones familiares u otras actividades básicas de la vida diaria.

Las personas que tienen trastornos de ansiedad no tratados, son propensas a otros trastornos psicológicos, como depresión, y tienen una mayor tendencia al abuso de alcohol y otras drogas. Sus relaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo pueden volverse muy tirantes y su desempeño laboral/estudiantil puede decaer.

Por ello es importante que cuando se comience a notar que hay algo que no está funcionando bien o que no podemos gestionar, se busque ayuda.

¿Cuándo acudir a un profesional de la salud mental?

Aunque para muchos sea un tema tabú es fundamental saber cuándo y por qué acudir a un especialista en salud mental, como un psicólogo o un psiquiatra. Existen causas como angustia y trastornos del ánimo que son suficientes para pedir ayuda. Habitualmente, se acude a un especialista en salud mental cuando un síntoma se vuelve persistente, se hace más intenso o se suman otras manifestaciones.

Lo usual es consultar cuando esos síntomas perturban las actividades cotidianas como el trabajo, vida en familia o de pareja; o las funciones habituales, como la capacidad de concentración y la memoria. Asimismo, es importante acudir a un especialista si estas alteraciones afectan los ciclos y ritmos biológicos como el apetito, la libido o el sueño.

También es importante recalcar que no es necesario sufrir de un trastorno para acudir a un especialista. En muchos casos asistir a consultas psicológicas nos ayuda a gestionar mejor el día a día. No le hace daño a nadie poder hablar de sus problemas y escuchar opiniones objetivas.

Es hora de que la salud mental sea considerada una prioridad, como lo sería el dentista o el oftalmólogo. Mantener nuestras emociones equilibradas y tener herramientas que nos ayuden cuando la vida de unas vueltas para las que no estábamos preparados, es una necesidad para que podamos ser más felices. Por eso es tan importante quitarle el estigma a quienes acuden a los profesionales de la salud mental.

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