Cuando piensas en pasar un día haciendo senderismo por un valle escondido, bajando un barranco con el agua a tus pies o escalando una pared de roca que te obliga a concentrarte en cada movimiento, probablemente te venga a la cabeza la sensación de cansancio, el esfuerzo físico y la adrenalina que corre por tu cuerpo. Lo que quizá no se ve tan claramente es todo lo que estas actividades aportan a tu salud física y mental, de una manera que ni el gimnasio ni una rutina de deporte en casa pueden igualar. Y es que estar en contacto con la naturaleza, mientras te mueves y desafías tus límites, provoca cambios que se notan en tu día a día, afectando a tu resistencia, tu equilibrio emocional y hasta a la forma en que afrontas los problemas.